Ya tenemos aquí las siempre esperadas vacaciones de verano, dos meses, Julio y Agosto, donde la inmensa mayoría nos tomaremos unos días de descanso. La playa, la montaña, o el muy socorrido pueblo, el que lo tenga, donde pasar unos buenos días de relax.
Este es mi primer verano como jubilado, llevo desde el 27 de junio en la playa, concretamente en Águilas (Murcia). Estaré disfrutando de este estupendo lugar hasta el día 30 de julio, y yo me pregunto ¿Yo estoy de vacaciones? No se como llamar ahora que soy nuevo en esto de estar jubilado, como llamarlo, ¿estoy de “jubiciones”?, se supone que ya no vengo a la playa a descansar, ¿de qué? me pregunto, en fin, a ver si en este mes de no se que, me aclaro de que estoy.
Un mes entero bajando a la playa, a la piscina, al chiringuito, paseos y helados, ya vendrá el invierno para quitarme esos kilos de más, que seguramente habré cogido, como es normal todos los veranos.
Es duro esto de la playa, el bajar a diario a la arena como los toreros, con tu sombrilla como espada, tu tumbona como capote y tu gorra como montera, sin olvidar las gafas de bucear, las chanclas, toalla, crema protectora, las palas y un largo etcétera de pequeñas cosas que no son necesarias, pero por si acaso.
Cuanto tengo que aprender del jubilado pata negra, ese jubilado curtido en mil batallas, el que baja a primerísima hora de la mañana, cuando aún ni siquiera está limpia la arena, y se encamina ufano a plantar su bandera en su trozo de playa. Con que habilidad monta en un momento la sombrilla, extiende las esterillas y coloca las sillas, eso sí, separadas convenientemente para que ningún intruso ose a invadir su espacio.
Y este jubilado pata negra, después de todo este montaje, aún tendrá que hacer tiempo para que le abran la puerta de Mercadona o para poner la cartilla al día en su entidad bancaria.
Y es que, no es fácil alcanzar este nivel de jubilación.
quesoypp
