sábado, 27 de mayo de 2017

MUY MAYORES



Ahora que llega el buen tiempo, aunque está haciendo un calor excesivo para estar en el mes de mayo, con temperaturas que rondan casi los 35°, me asomo a la ventana y veo gran cantidad de chiquillos jugando, en los columpios, a la pelota, corriendo, saltando, no paran las criaturas, no se cansan los condenados, se pueden pasar así todo el día.
Con razón siempre se ha dicho que los hijos hay que tenerlos cuando se es joven, ya que si te pilla algo mayor, no puedes seguirles el ritmo, y acaban con tu salud.
Hablando de niños, jóvenes y mayores. ¿A que edad a una persona se le puede llamar anciana? Según una noticia que leí hace unos días, unos 15 años antes de morir, se le puede considerar a uno anciano.
Si la esperanza de vida en España está en torno a los 85 años, se nos podrá calificar de mayor, o más bien anciano, cuando rondemos las 7 décadas.
Veo lógica esa edad para que se le considere a uno “viejo” y se entraría en la tan nombrada tercera edad. Según las perspectiva de vida de la que disfrutamos ahora aun podríamos dar “guerra” otros 15 o 20 años.
Hasta aquí todo estupendo, maravilloso, ya que viviremos muchos años, y se supone que con una aceptable calidad de vida.
Sin embargo, actualmente en los países desarrollados y sobre todo en España, se esta dando una circunstancia que nunca hasta ahora habíamos conocido, y no es otra, que los hijos que se suponen tienen que hacerse cargo de estos mayores, también tienen ya una cierta edad. Estos vástagos tampoco están para “tirar cohetes” y más si los “viejos” son completamente dependientes.
Y es que vivimos muchos años, y no se tardara que sea la tercera generación, la que tenga que dedicarse a los abuelos y de paso también a los padres. Los que tengan la suerte que se ocupen de ellos, claro.
Y sino ya sabes, vete reservando plaza en alguna residencia, si es que la encuentras, y te llega la pensión para pagarla. Que esa es otra.   



quesoypp



sábado, 20 de mayo de 2017

EL AFILADOR




El paso de los años, los nuevos materiales, el comprar objetos prácticamente de usar y tirar y esta sociedad de consumo en la que estamos metidos, ha traído consigo que muchos oficios que no hace muchos años estaban en auge, hayan desaparecido.
Trabajos para el recuerdo, como el de afilador, deben de ser muy pocos los que siguen dedicándose a ello, quizás aún deambulen algunos por pequeñas ciudades y pueblos.
Y es que ya casi no necesitamos que nos afilen los cuchillos, bien por que son de escasa calidad y es mejor comprarlos nuevos, o disponemos de unos aparatos que nos los dejan a punto.
No hace relativamente mucho tiempo estos personajes anunciaban su presencia con esa melodía que los hacia inconfundibles, esa especie de armónica, primero de madera y más tarde con la invasión del plástico de este material.
Todo lo ha ido modificando la llegada de los nuevos tiempos, antaño estos afiladores acarreaban con la piedra de amolar en su mochila. Más tarde acoplaron esta a la bicicleta y luego dieron el gran salto al progreso y se motorizaron, lo que hizo su trabajo menos penoso y más rápido.
Hace unos veranos volví a oír su silbato melodioso en el pueblo, sin embargo, este amolador no se movía en bicicleta ni en moto, si no que llevaba su taller en la furgoneta, así cualquiera.
El otro día lleve un par de tijeras al afilador, es un pequeño taller donde aparte de afilar, vende cuchillos , navajas, tijeras, etc... el caso es que una de ellas según el vaciador, como también se les llama, sí merecían la pena afilarlas, en cambio las otras sólo se le podía hacer, según palabras suyas “un palla paca” (palabras que uso varias veces) o directamente tirarlas.
Y efectivamente las he tenido que tirar, ya que con el “palla paca” se ve que no ha sido suficiente.



quesoypp