El paso de los años, los nuevos materiales, el comprar objetos prácticamente de usar y tirar y esta sociedad de consumo en la que estamos metidos, ha traído consigo que muchos oficios que no hace muchos años estaban en auge, hayan desaparecido.
Trabajos para el recuerdo, como el de afilador, deben de ser muy pocos los que siguen dedicándose a ello, quizás aún deambulen algunos por pequeñas ciudades y pueblos.
Y es que ya casi no necesitamos que nos afilen los cuchillos, bien por que son de escasa calidad y es mejor comprarlos nuevos, o disponemos de unos aparatos que nos los dejan a punto.
No hace relativamente mucho tiempo estos personajes anunciaban su presencia con esa melodía que los hacia inconfundibles, esa especie de armónica, primero de madera y más tarde con la invasión del plástico de este material.
Todo lo ha ido modificando la llegada de los nuevos tiempos, antaño estos afiladores acarreaban con la piedra de amolar en su mochila. Más tarde acoplaron esta a la bicicleta y luego dieron el gran salto al progreso y se motorizaron, lo que hizo su trabajo menos penoso y más rápido.
Hace unos veranos volví a oír su silbato melodioso en el pueblo, sin embargo, este amolador no se movía en bicicleta ni en moto, si no que llevaba su taller en la furgoneta, así cualquiera.
El otro día lleve un par de tijeras al afilador, es un pequeño taller donde aparte de afilar, vende cuchillos , navajas, tijeras, etc... el caso es que una de ellas según el vaciador, como también se les llama, sí merecían la pena afilarlas, en cambio las otras sólo se le podía hacer, según palabras suyas “un palla paca” (palabras que uso varias veces) o directamente tirarlas.
Y efectivamente las he tenido que tirar, ya que con el “palla paca” se ve que no ha sido suficiente.
quesoypp
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